Cuéntame un cuento

No puedo oír una sinfonía sin irle inventando un argumento de fuentes y tormentas, tras cada cuarteto de Beethoven adivino una patética historia de amor y prefiero la ópera a cualquier otro tipo de música porque declaradamente cuenta algo. Cada cuadro o cada escultura son fragmentos de una narración que me apresuro mentalmente a reconstruir, para poder gozarlos, la arquitectura me interesa solamente como decorado de peripecias que intuyo de inmediato, escritas en la soledad extraña de las piedras. Los bosques o el mar no me atañen salvo en la medida en que son el antiguo decorado de la aventura y el escenario de la épica sin Homero de los animales, que fueron nuestros dioses y, de algún modo, volverán a serlo.

A veces, mientras lees bibliografía recomendada por tu tutor del TFG, te das cuenta de que el libro en concreto no te va a ser de utilidad. Pero, a veces, resulta que la bibliografía en cuestión esconde pequeños tesoros como este. Suscribo completamente las palabras de Fernando Savater. Bueno… excepto, quizás, lo de que la ópera sea mi música preferida: ya me perdonaréis, pero me quedo con Arcade Fire.

(Y lo del Homero de los animales, que no entiendo, pero eso será cosa mía…)

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