Héroes y epopeyas

Héroes y epopeyas están pasados de moda. Forman parte de un mundo cerrado que ya no existe, que hace tiempo que dejó de existir. ¿Qué sentido tiene pensar que una persona, sólo una, pueda ser capaz de salvar el mundo? ¿de dar respuesta a todas las preguntas y de hacer frente a todas las injusticias? Porque el mundo es sociedad, no individualidad. Son cuentos para niños, que no tienen cabida en el mundo real.

Héroes y epopeyas no existen.


La literatura tiene que traspasar las fronteras del mundo cerrado del héroe e ir más allá, ser consciente de todas las realidades del presente, de todos los matices. No hay un bien, no hay un mal, no hay una lucha épica que pueda poner fin al sufrimiento. No hay un héroe, sólo gente corriente. Gente encadenada a una realidad de la que no es capaz de escapar, no importa la conciencia que tome de todo aquello que le rodea; simplemente, no puede. La coherencia en el soldado que busca la justicia es imposible, es una batalla perdida desde buen principio.

¿Y entonces qué?

Ser crítico con los libros, con la televisión, con la prensa y los políticos, con los magnates y los mafiosos. Estar atento al entorno, descreerlo todo.

¿Y entonces qué?

Nada, entonces nada. Cuando ya se ha tomado conciencia de la realidad, sólo quedan el vacío y la impotencia. Incapacidad para actuar. Frustración derivada de esta inacción.


Dadme héroes para rellenar este vacío, esta soledad. Dadme alguien en quién creer. Alguien que me ayude a hacer esto más soportable. No quiero una distracción, quiero una motivación. Un modelo, un ejemplo. No quiero un cínico, quiero alguien que pueda actuar, que sea capaz de conseguir un cambio. Me da igual que no sea en la realidad, porque ya he perdido toda esperanza en la realidad.

Así que sí, dadme héroes y epopeyas, y dejadme, por lo menos, ser feliz en mi desaliento.

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7 comentarios en “Héroes y epopeyas

  1. Te estás ahogando en un vaso de agua. En todas las épocas hubo muy buenos guías para conducirse, sólo que la publicidad y la sociedad mercantil en la época actual los ha banalizado y en ese maremágnum de series de tv, modelos corporales y anuncios de champú de hace difícil confiar. El primer paso es abrirse interiormente y estar a la expectativa de que la palabra justa vendrá, entonces será fácil para vos encontrar a todos aquellos que han enseñado y enseñan un camino para escapar al sufrimiento, a hacer preguntas correctas y a conducirse de modo justo.
    El mundo, por su naturaleza, no admite el cambio, a pesar de los diversos maquillajes que varían su apariencia.
    Saludos!

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    1. Me sorprende que emitas juicios de valor sobre mí sin conocerme… y más si tenemos en cuenta que creo que no has entendido que estaba hablando de teoría literaria. Hago referencia a la “Teoría de la novela” de György Lukács, libro en el que explica la aparición de la novela moderna (tal y como la conocemos hoy en día) en el siglo XIX. Para Lukács, la novela derivaba de la épica (la “Ilíada”, la “Odisea”, etc.), pero con unos cambios fundamentales. El principal, el hecho de que los personajes en las epopeyas actuaban como agentes de la trama, es decir, sus acciones permitían el desarrollo de la historia. En el siglo XIX, en cambio, con autores como Flaubert, el foco de interés pasa a ser la interioridad del sujeto: las preguntas que se hace respecto a sí mismo y su lugar en el mundo. En la epopeya esto no era importante, porque el mundo tal como se concebía ya daba todas las respuestas (todo se explicaba por la intervención de los dioses, principalmente). Es lo que se dice un mundo cerrado, cíclico, que no cambia ni evoluciona. El siglo XIX, en cambio, es el heredero de la Revolución Francesa, del racionalismo, de cuestionárselo todo… Las cosas ya no son como son por voluntad divina, sino que la humanidad juega un papel… El hecho de asumir la responsabilidad de los acontecimientos hace que la gente se plantee más cosas, que dude y que ponga en duda la realidad en que vive, etc. Y esto se refleja en las novelas.
      Una novela de fantasía escrita hoy en día, por ejemplo, tiende a perpetuar la mentalidad de las epopeyas. Es decir, un elegido salva el mundo de un gran mal (“El señor de los anillos” sería un claro ejemplo, como muchos otros). Con sólo realizar una acción (tirar el anillo único al monte del destino), todo se endereza y tenemos un happy ending. Este tipo de novelas se convierten en una distracción, un pasatiempo que permite al lector evadirse de la realidad. No te hacen plantearte el mundo en el que vivimos con todos sus defectos, no te hacen ser crítico… Por este motivo, hay cierta tendencia a desprestigiar las novelas de fantasía desde la óptica de la literatura de calidad, el cánon literario, etc.
      Lo que yo venía a decir en el texto es que, a pesar de que soy consciente de la importancia de ser críticos con el mundo en el que vivimos, a mí, personalmente, me gusta leer novelas de fantasía con héroes que salvan el mundo al final del día. Espero haberte ayudado a comprender mi punto de vista.

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  2. El punto de vista es, justamente, la fantasía, y la novela actúa como placebo.
    La crítica apunta a eso y la expresé puesto que están abiertos los comentarios, sino paso de largo.
    La realidad, tal como la planteas Greta, es una cárcel para vos, de allí la noción de que es algo funesto para todos y quisieran salir huyendo.
    La literatura, en distintas épocas, no acompaña siempre los procesos sociales, hay novelas que escapan al monopolio del discurso de moda.
    Igualmente, esto no es una crítica a tu afinidad por los salvadores de fantasía, sino una apertura del abanico conceptual que, precisamente, se abre cada vez que uno escribe y publica un texto.
    Saludos!

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    1. Por supuesto, ningún problema en que comentes, adelante. Pero me da la sensación que insistes en decir lo que yo pienso o siento, y eso sí me molesta ligeramente porque, como decía, no me conoces. Además, no tienes en cuenta que un texto literario no tiene por que ser autobiográfico: que yo haya escrito esto no significa que lo suscriba al cien por cien. Ni me ahogo en un vaso de agua, ni la realidad es una cárcel para mí… que saques estas conclusiones de cuatro líneas, me parece algo excesivo.

      “La literatura, en distintas épocas, no acompaña siempre los procesos sociales, hay novelas que escapan al monopolio del discurso de moda.”
      No acabo de entender que tiene esto que ver con lo que yo comentaba… O no sé a qué te refieres en relación a la conversación.

      “Igualmente, esto no es una crítica a tu afinidad por los salvadores de fantasía, sino una apertura del abanico conceptual que, precisamente, se abre cada vez que uno escribe y publica un texto.”
      No lo había tomado como una crítica en ese sentido. Respecto al resto, ¿te refieres a que los comentarios sobre un texto y la crítica que producen pueden ampliar el abanico conceptual? Si quieres decir esto, estoy de acuerdo. Sin embargo, como te decía antes, creo que tu primer comentario trata un tema distinto al de mi texto.

      Saludos!

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      1. Tirar la piedra y esconder la mano carece de dignidad.
        Nadie te juzga, quédate tranquila, son expresiones ecos de las tuyas, que, aunque las niegues, son de tu puño. Por eso te lo digo a vos. Lo dicho se desprende de lo dicho por vos, y, teniendo en cuenta tu excusa infantil de que no es tuyo, no debería molestarte ni remotamente porque no te toca a vos, sino a lo expresado en el texto al que no adherís al cien por cien. Lo cual se entiende, porque te amparás en el hecho de que nunca te llegará a conocer completamente otra persona, ni siquiera vos misma ( dadas las preconcepciones del conocer, tal como afiliás, ya que si a través de la comunicación y la expresión no conocés a otros, no existiría ninguna posibilidad de conocer ).
        Saludos!

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    2. Hola, Leo,

      Creo que hemos empezado con muy mal pie, y he pensado que iba a intentar cambiar esto. No puedo responder a tu último comentario (no sé si es algo que has seleccionado expresamente o cosa de wordpress) y, por si acaso es algo circumstancial, te respondo desde este otro mensaje.

      No sé exactamente qué he dicho que parece haberte molestado y, a riesgo de parecer demasiado susceptible, incluso diría que he escrito algo que ha conseguido que te cayera mal sin proponérmelo. Si te he ofendido de algún modo no ha sido intencionado pero, sea como sea, me disculpo por lo que pueda haberte ofendido.

      Tengo que decirte que no tengo por costumbre enzarzarme en discusiones de este tipo por internet porque me parecen poco productivas (no lo digo porque crea que no puedan salir ideas interesantes, sino más bien porque en general las partes implicadas son reacias a cambiar de idea). Sin embargo, al encontrarme tu comentario en mi blog (que habitualmente no lee nadie y que actualizo para mí misma), y al notar cierto menosprecio por tu parte, me llevó a esta conversación. Permíteme que aclare que noté cierto menosprecio pero que, por supuesto, esta es una percepción subjetiva y tal vez no era lo que tú pretendías. No obstante, sí que creo que deberías ser consciente de que calificar negativamente a alguien con quien nunca antes has hablado en base a unas pocas palabras dichas en un blog puede resultar molesto para la persona calificada. Añado que, con más o menos intención, justamente esto es lo que has hecho en tus tres comentarios, y por este motivo yo me he puesto a la defensiva.

      Dicho esto, me gustaría aclarar que en mi último comentario no quería decir que no pensara lo que ponía en la entrada, sino que no lo subscribía al cien por cien. Básicamente, porque está ligeramente exagerado, como se desprende por las conclusiones que has sacado de mí. Que sea consciente de que el mundo no va muy bien (ni ahora ni nunca, desde mi punto de vista), no significa que no sea una persona muy feliz y contenta con la vida que tengo.

      Me parece algo extraño también que digas que mi experiencia de conocimiento de otras personas o de mí misma nunca será completa porque dije que no me conocías. Ya me perdonarás si resulta que somos amigos de toda la vida y yo no me había dado cuenta… He de decirte que tu soliloquio sobre el conocimiento me parece un poco fuera de lugar.

      Finalmente, insisto, creo que hemos hablado todo el rato de dos temas distintos. Creo, si te he entendido, que tú hablabas de la realidad y sus motores de cambio, mientras que yo hablaba de la percepción de esta realidad en las representaciones literarias (es decir, cómo se representa la realidad en la literatura).

      En todo caso, no te preocupes por mí, porque estoy muy tranquila y feliz y, espero que no te sepa mal que te lo diga, la opinión que puedas tener de mí no es que me importe demasiado.

      Espero haber conseguido no faltarte al respeto pero, si algo de lo que he dicho te ofende, por favor, discúlpame. Tal vez sea demasiado agresiva y no sea del todo consciente de cómo suenan mis palabras en oídos ajenos. Si es así, lo siento.

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