Un pessic de cristall de dulamita esmicolat

L’Alora, recelosa, observava com en Morzen tantejava la paret de roca infructuosament.

—Estàs segur que saps el que fas? —En Morzen li havia assegurat que seria capaç de trobar l’entrada oculta de la masmorra, però la semielfa no ho acabava de veure clar.

—Ahà… —li contestà ell, arrufant el nas. No tenia res en contra de l’Alora però, si continuava qüestionant tot el que feia a cada instant, l’engegaria a pastar fang sense gaires miraments.

—De veritat que no sé què va veure en Gerian en tu…

El comentari era per punxar-lo, és clar. Però en Morzen no era tan ruc com es pensava la seva cunyada, així que va decidir prendre-se’l amb bon humor. Es va girar cap a l’Alora i va dedicar-li el més encantador dels seus somriures.

—El meu irresistible atractiu, per descomptat. I els músculs… no t’oblidis dels músculs.

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Cuando mis padres cambiaron el mundo

Me acuerdo de cuando mi padre hacía de tiburón en la playa y, si nos acercábamos a él, nos hundía en el agua. Me acuerdo de cuando mi madre me leía La historia interminable en voz alta, tumbadas las dos en su cama.

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Héroes y epopeyas

Héroes y epopeyas están pasados de moda. Forman parte de un mundo cerrado que ya no existe, que hace tiempo que dejó de existir. ¿Qué sentido tiene pensar que una persona, sólo una, pueda ser capaz de salvar el mundo? ¿de dar respuesta a todas las preguntas y de hacer frente a todas las injusticias? Porque el mundo es sociedad, no individualidad. Son cuentos para niños, que no tienen cabida en el mundo real.

Héroes y epopeyas no existen.


La literatura tiene que traspasar las fronteras del mundo cerrado del héroe e ir más allá, ser consciente de todas las realidades del presente, de todos los matices. No hay un bien, no hay un mal, no hay una lucha épica que pueda poner fin al sufrimiento. No hay un héroe, sólo gente corriente. Gente encadenada a una realidad de la que no es capaz de escapar, no importa la conciencia que tome de todo aquello que le rodea; simplemente, no puede. La coherencia en el soldado que busca la justicia es imposible, es una batalla perdida desde buen principio.

¿Y entonces qué?

Ser crítico con los libros, con la televisión, con la prensa y los políticos, con los magnates y los mafiosos. Estar atento al entorno, descreerlo todo.

¿Y entonces qué?

Nada, entonces nada. Cuando ya se ha tomado conciencia de la realidad, sólo quedan el vacío y la impotencia. Incapacidad para actuar. Frustración derivada de esta inacción.


Dadme héroes para rellenar este vacío, esta soledad. Dadme alguien en quién creer. Alguien que me ayude a hacer esto más soportable. No quiero una distracción, quiero una motivación. Un modelo, un ejemplo. No quiero un cínico, quiero alguien que pueda actuar, que sea capaz de conseguir un cambio. Me da igual que no sea en la realidad, porque ya he perdido toda esperanza en la realidad.

Así que sí, dadme héroes y epopeyas, y dejadme, por lo menos, ser feliz en mi desaliento.

Tratado sobre emanación mágica y otras cuestiones de interés

Es un tema recurrente en el estudio de la magia el preguntarse por su origen, es decir, por la fuente de la que ésta se nutre. Es necesario recurrir a los textos clásicos para arrojar algo de luz sobre el sujeto de estudio de este capítulo. Como de costumbre, Aristóteles es el autor más exhaustivo en este campo. En “De la conjuración”, hace una clasificación completa de las distintas procedencias de la magia, y añade los que, según su parecer, serían los principios de emanación mística. También Plinio el Viejo, en su “Historia Natural”, hace referencia a este tema. No obstante, el autor se limita a recopilar la información expuesta por Aristóteles, con alguna pequeña variación en la ordenación de la misma. Hay que leer el “Arte mágica”, de Séptimo Valerio, para encontrar nuevas aportaciones en relación a posibles fuentes de emisión. Sin embargo, todavía hoy hay muchos autores que ponen en duda la propuesta de Valerio y, en cambio, prefieren decantarse por la versión tradicional de Aristóteles.

En el presente volumen, he intentado recopilar todas las posibles fuentes de magia conocidas. He añadido, también, las aportaciones de algunos autores modernos que, sin menospreciar a los clásicos, han intentado ir más allá en la comprensión del funcionamiento y uso de la energía mística. Espero, pues, ser metódico en mi exposición y servir de guía para los futuros magos de nuestra República. A pesar de ello, e incluso si logro mi objetivo, recomendaría a cualquier interesado en la materia que lea a los clásicos para una mayor aprehensión del sujeto de estudio.

Extracto de “Principios elementales de la magia moderna”, de Giuseppe Ciampi (Venecia, 1819)

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El abismo

Es el abismo.

Como si estuviera frente a un precipicio, al borde de un acantilado. Siento la brisa del mar acariciar mis mejillas, la respiro y es fresca y salada, y huelo a la muerte que me espera si doy un paso en falso. Y aunque sé que el mar está ahí, al acecho, no puedo saber dónde. Avanzo ciega y sorda al límite del abismo. Incluso muda, incapaz de gritar mi angustia. ¿Cuánto tiempo pasará hasta que tropiece y me precipite a lo desconocido? ¿Cuánto, hasta que una ráfaga de aire consiga hacerme caer?

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Encaixa totes les peces del trencaclosques

Em desperto panteixant. Alguna cosa no rutlla. ¿On estic? Obro la càpsula de repòs i em desconnecto els endolls d’estabilització i el proveïdor d’oxigen. Necessito aire ambiental, encara que vingui d’un tanc de purificació. M’incorporo, entre espasmes, i inspiro una glopada d’aire. A poc a poc em començo a tranquil·litzar. Estic viu. Després d’una ullada a l’entorn, comprovo que també estic sol. No reconec el lloc, però això no és el més preocupant. El més fotut és que no tinc ni la més remota idea de qui sóc.

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