Cuéntame un cuento

No puedo oír una sinfonía sin irle inventando un argumento de fuentes y tormentas, tras cada cuarteto de Beethoven adivino una patética historia de amor y prefiero la ópera a cualquier otro tipo de música porque declaradamente cuenta algo. Cada cuadro o cada escultura son fragmentos de una narración que me apresuro mentalmente a reconstruir, para poder gozarlos, la arquitectura me interesa solamente como decorado de peripecias que intuyo de inmediato, escritas en la soledad extraña de las piedras. Los bosques o el mar no me atañen salvo en la medida en que son el antiguo decorado de la aventura y el escenario de la épica sin Homero de los animales, que fueron nuestros dioses y, de algún modo, volverán a serlo.

A veces, mientras lees bibliografía recomendada por tu tutor del TFG, te das cuenta de que el libro en concreto no te va a ser de utilidad. Pero, a veces, resulta que la bibliografía en cuestión esconde pequeños tesoros como este. Suscribo completamente las palabras de Fernando Savater. Bueno… excepto, quizás, lo de que la ópera sea mi música preferida: ya me perdonaréis, pero me quedo con Arcade Fire.

(Y lo del Homero de los animales, que no entiendo, pero eso será cosa mía…)

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Y es que los clásicos saben de qué hablan…

Mientras concebíamos cómo sería la presentación del la P.A.E. del pasado miércoles, una de las ideas que surgió fue la de colgar carteles con cierto tono reivindicativo. Sin embargo, el responsable de la sala en la que se realizó el acto nos dijo que la normativa no lo permitía (será que lo pone en la constitución…).

Laia, una de las escritoras que subió a la mesa a presentar su libro (Qüestió de pell), había traído un cartel con una magnífica frase de Virginia Woolf:

V.Woolf

A mí me gustaría compartir no una frase, sino un fragmento de uno de sus libros, “Una habitación propia”. Me he encontrado con estas líneas casi fortuitamente, sin buscarlas, pero me han parecido muy apropiadas teniendo en cuenta las circunstancias… juzgad por vosotros mismos:

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