Héroes y epopeyas

Héroes y epopeyas están pasados de moda. Forman parte de un mundo cerrado que ya no existe, que hace tiempo que dejó de existir. ¿Qué sentido tiene pensar que una persona, sólo una, pueda ser capaz de salvar el mundo? ¿de dar respuesta a todas las preguntas y de hacer frente a todas las injusticias? Porque el mundo es sociedad, no individualidad. Son cuentos para niños, que no tienen cabida en el mundo real.

Héroes y epopeyas no existen.


La literatura tiene que traspasar las fronteras del mundo cerrado del héroe e ir más allá, ser consciente de todas las realidades del presente, de todos los matices. No hay un bien, no hay un mal, no hay una lucha épica que pueda poner fin al sufrimiento. No hay un héroe, sólo gente corriente. Gente encadenada a una realidad de la que no es capaz de escapar, no importa la conciencia que tome de todo aquello que le rodea; simplemente, no puede. La coherencia en el soldado que busca la justicia es imposible, es una batalla perdida desde buen principio.

¿Y entonces qué?

Ser crítico con los libros, con la televisión, con la prensa y los políticos, con los magnates y los mafiosos. Estar atento al entorno, descreerlo todo.

¿Y entonces qué?

Nada, entonces nada. Cuando ya se ha tomado conciencia de la realidad, sólo quedan el vacío y la impotencia. Incapacidad para actuar. Frustración derivada de esta inacción.


Dadme héroes para rellenar este vacío, esta soledad. Dadme alguien en quién creer. Alguien que me ayude a hacer esto más soportable. No quiero una distracción, quiero una motivación. Un modelo, un ejemplo. No quiero un cínico, quiero alguien que pueda actuar, que sea capaz de conseguir un cambio. Me da igual que no sea en la realidad, porque ya he perdido toda esperanza en la realidad.

Así que sí, dadme héroes y epopeyas, y dejadme, por lo menos, ser feliz en mi desaliento.

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