Dos baldosas hacia adelante

Los insistentes golpes acabaron por despertar a Santi. Era verano y el calor asfixiante de Barcelona le obligaba a dormir con la puerta y la ventana abiertas, en aras de evitar levantarse por la mañana empapado en sudor. Pero si bien las corrientes de aire le ayudaban a hacer más llevadera la noche, también permitían la libre circulación del reggaeton de los vecinos del tercero, las discusiones de la pareja de enfrente o el Home Cinema (24 horas de terror y ciencia-ficción) de los frikis del segundo. Uno nunca se acostumbra del todo a dormir rodeado de ruidos molestos, pero intenta sobrellevarlos lo mejor que puede.

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