La carta

Ginebra, 14 de marzo de 1832

Querida Isabella, Quer Isabella,

Sé que tras nuestra última conversación y el abrupto modo en que nos despedimos, te sorprenderá ver que te escribo. Lo comprendo. Emprendí un viaje del todo inesperado, sin darte ninguna explicación ni fecha de regreso. Si decidieras echar esta carta al fuego, no te lo podría reprochar.

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