Oyes unas pisadas a tu espalda

Suena el teléfono y, maldita sea, sólo hace cinco minutos que te has acostado. Joder. Te incorporas, te refriegas los ojos con el dorso de la mano izquierda y estiras el brazo contrario para alcanzar el móvil. Son las cuatro y cuarto de la madrugada, así que por lo menos has dormido un par de horas, por mucho que no te parezcan más de cinco minutos. Suspiras y deslizas el dedo por encima de la pantalla para responder la insistente llamada.

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